-Tenemos tiempo –insistió, de nuevo.
Durante un momento muy largo, un pánico repentino, como una premonición o una advertencia, me impidió hablar. Él observó el rápido cambio de mi rostro con ojos preocupados.
-No lo sabes -la desesperación, que había cedido cuando nos habíamos encontrado, me flageló de nuevo con la fuerza de un latigazo-. Nunca sabrás cuánto tiempo nos queda en realidad.
No sabes si lo vamos a contar en meses, en días o en horas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario


Mirando atrás

the best.